lunes, 24 de noviembre de 2014

Pido tregua,
me rindo
ante tu reina y su bandera,
ante la forma en la que me desgarras la espalda con versos
que van subiendo y acaban en besos por las comisuras de mis labios,
que el otoño no tiene la culpa de nuestros destrozos,
se nos caen las hojas de las ramas
o somos nosotros lo que nos vamos por las ramas de las hojas.
Quiero una muerte dolorosa,
en la que me tortures con tus labios
por mis clavículas,
mordiscos en las orejas
y que me arañes el pecho hasta desangrarme.
No te vayas
no puedo perder más trenes,
estoy cansado de esperar en el andén
y ver como la gente me mira de reojo.
Contaré hasta tres
para que vuelvas,
no es una amenaza,
si no una advertencia
te necesito,
estoy volviéndome loco de tanto pensarte constantemente,
el cielo está llorando
será porque te has ido
y no puede soportar tu ausencia,
que yo no me imagino un mundo sin musa,
o sin nadie a quien reprocharle mi mierda de vida,
eres la única dispuesta a escucharme,
así que,
por favor
ven,
que se está haciendo tarde
que el cielo de Madrid se me está cayendo encima
y yo solo,
no puedo con tanto peso.

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